DESDE LA BANQUETA
Se rentan candidatos: amueblados, con experiencia y con camiseta reversible
Por El Banquetero
Pásele, mis queridos banqueteros, que hoy la banqueta parece tianguis de fin de semana. No vendemos fayuca ni elotes. Lo que hay es candidatos de segunda mano, con poco uso y garantía de que ya estuvieron en otra marca. Rumbo al 2027, en Tamaulipas la oferta de partidos crece como hierba en baldío: PAN, Verde, Movimiento Ciudadano, PAZ, Somos MX… Lo que no crece son las caras nuevas.
Empecemos por el Verde, que en esta tierra ya no es ecologista: es reciclador. Su dirigente estatal, Manuel Muñoz Cano, tiene una trayectoria que algunos columnistas recuerdan como operador de los viejos gobiernos priistas. Hoy presume que el partido crece y que media zona sur quiere sumarse para buscar alcaldías y diputaciones. ¿Gente nueva? No se me agüite, compadre. Es la misma de siempre, con playera de otro color. En la banqueta le decimos “reciclaje político”: la lata es la misma, nomás le cambiaron la etiqueta.
Y ojo, que el Verde tamaulipeco no se cocina en casa. Las negociaciones, dicen los enterados, pasan por figuras nacionales del partido. O sea, el guiso es tamaulipeco pero la receta viene por paquetería desde la capital. Así se entiende la división que deja a su paso. Cada vez que llega un “coordinador” de dedo, el que llevaba años trabajando la colonia se queda viendo el camión irse con todo y su lugar.
Pero si de dedazo hablamos, el campeón de la cuadra es el Truko Verástegui en el PAN. El hombre reparte “coordinadores” a diestra y siniestra, como quien reparte volantes en el semáforo: uno para Madero, otro para el sur, otro para donde haga falta. Eso sí, su bastión de La Cañera ni quien se lo toque. Ahí no hay coordinador que valga: la zafra se cosecha en casa. Lo demás se reparte entre los cuates, los compromisos y, si sobra, la familia.
Y luego nos quieren vender que el PAN es el partido de la democracia interna. Democracia, sí… pero de las que se deciden en la sobremesa. Las asambleas quedan nomás para la foto, y los liderazgos locales que se atrevieron a levantar la mano terminan como banqueta después de la lluvia: llenos de baches.
En Movimiento Ciudadano, Gustavo Cárdenas regresó como delegado nacional y jura que es un cargo honorífico, sin sueldo. Le creemos, faltaba más. Pero la tonada es conocida: llega el de arriba, acomoda a los suyos, y los que ya estaban se quedan con la naranja exprimida. El naranja, mis queridos banqueteros, también se pela por dentro.
Y por si faltara competencia, llegan los nuevos, PAZ y Somos MX, a ofrecer “algo distinto”. Ojalá. Pero ya conocemos el truco del pasillo: cuando un partido es nuevo, el primero en tocarle la puerta es el político viejo al que en su partido de siempre ya no le dieron chance. Y así, el mismo personaje puede presumir que ya militó en cuatro partidos sin moverse de la misma esquina.
El problema de fondo no es que la gente cambie de partido; eso pasa en todos lados. El problema es tratar a la democracia como si fuera agencia de colocaciones: se contrata al que sirve hoy, se le paga con candidatura y mañana se le manda a otra marca. Eso no es política, es oficio de mercenario con gafete de partido.
Mientras tanto, el ciudadano de a pie mira el desfile desde la banqueta, preguntándose si alguna vez le van a ofrecer un candidato que haya caminado su colonia antes de la campaña y no después.
Como siempre, la última palabra es la suya, amable lector. Nos vemos en la próxima, desde la banqueta, donde se ve todo.

